4 de abril de 2007

Todavía hay políticos honestos (bendito sea el cielo)

pablo.jair.ortega@gmail.com.- En días pasados, mientras se recibía con mucha alegría la noticia de que la capital de estado se libró de una presunta deuda de 300 millones de pesos por una demanda de la empresa Aguas Tratadas de Xalapa (porque se les retiró un contrato que fue convenido mañosamente a su favor en la administración municipal pasada, y que no cumplieron), también salimos del estiércol de la incertidumbre: hay políticos honestos en Veracruz.

Sí, aunque usted no lo crea (y disculpe por recurrir a un cliché radiofónico), nos congratula saber que todavía hay políticos honestos consigo mismos y con la población que representa y sirve; damos gracias al alcalde xalapeño Ricardo Ahued por decir que no puede ser diputado local por Xalapa ya que no es originario de Veracruz ni sus padres, así que, por ley, está impedido para dicho cargo de elección popular.

Claro, no ocultó su picarona aspiración política de ser un pequeño lujo, pero creo que lo vale, y expresó que podría ser diputado federal porque no hay regulación en cuanto al origen y nacimiento del aspirante.

Viene a nuestra memoria desde tierras lejanas del oriente el “doitor” Flavino Ríos Alvarado, notario público number nine de Minatitlán, cuando toda su vida ha fungido diciéndose político minatitleco, veracruzano, como regidor, diputado local y hasta ahora recientemente secretario de Gobierno y casi candidato a gobernador, sin tener orígenes jarochos.

Sí. Ya es de conocimiento público que el señor no es originario de Veracruz, y que no puede negarlo dado que varias personas de su círculo de amistades saben su historia personal. Fue todo un escándalo cuando por la mañana un diario de la capital veracruzana daba a conocer que el entonces secretario de Gobierno es originario de Mogoñé, Oaxaca; un pintoresco pueblo, nos imaginamos, con crepúsculos arrebolados.

Cómo olvidar cuando entonces citó a todos sus cuates de la infancia - algunos dicen que en Palacio de Gobierno soltaban cohetes desde la azotea pa’ llamar a la tecada- y dio una conferencia de prensa mostrando sus fotos de cuando estudiaba en la primaria “Mi Patria es Primero”, por el rumbo de “la curva”, cerca de la puerta seis de la refinería. Incluso recordó ser “el hijo pródigo” (afortunadamente no el desobediente) del pueblo petrolero, como parte de una destacada generación de jóvenes políticos que hasta el día de hoy dan guerra.

En esos momentos, en el mero clímax del escándalo, la estrategia gubernamental era minimizar el asunto por lo delicado que implicaba la pérdida de personalidad jurídica por parte del secretario de Gobierno: si se confirmaba que Flavino era de Oaxaca, en cascada vendría el caos legal: amparos de delincuentes, de empresas, inmediatamente carecían de validez documentos oficiales, etc.

Todo por no ser honesto. Hoy el “doitor” pretende ser el candidato del PRI a la alcaldía de Minatitlán; de ser por su origen, ningún reglamento se lo impide. Sobre todo que ahora están buscando quitarle las candidaturas al gremio petrolero, sector tradicionalmente favorecido por los grandes recursos económicos que aporta al tricolor.

Claro que en su momento nos vino esta ironía de la historia política de Veracruz, y ahora comparamos en realidad lo que es una ambición por el poder, hasta lo que es un coqueteo a la carrera política para dejar la de empresario dedicado a la “industria plástica”.

No obstante, ciertas actitudes de Ahued son criticables (como anteponer sus creencias religiosas a su cargo de gobernante, en una democracia supuestamente laica), pero es de reconocerse que el alcalde xalapeño dio muestra de tener los principios de la honestidad, lo que a lo mejor pone a pensar que de veras existe una nueva forma de hacer política, que los tiempos están cambiando como dice Bob Dylan, y que está habiendo una epidemia mortal de políticos, principalmente priístas, tan encasillados para mentir.

Sólo como ejemplo está el nauseabundo caso de Aguas Tratadas de Xalapa, empresa beneficiada por el hoy priísta un millón y actual flamante secretario de Gobierno de nombre Gaudencio. Han sido tantas las deshonestidades del mismo, que hasta llegó a concluir que él había resuelto el problema de aguas en la capital de Veracruz.

Pero todo cayó por su propio peso, como bien lo auguró Ahued.

29 de marzo de 2007

Ni con dos dedos se tapa lo "clandestino"

pablo.jair.ortega@gmail.com.- No hay que tapar el sol con un sólo dedo ni ponerlo donde no lo hay: es algo así como el eslogan publicitario que bien podría haber surgido de la mente de cualquier publicista de Sabritas o del maguito Sonric’s.

Pero aquí se trata de seguridad: de una real inseguridad que es la apreciación de quienes leemos de las actividades de la delincuencia organizada y que nos damos cuenta de la hipocresía gubernamental por negarlo, al ser también partícipes ya sea como espectadores o como protectores de ilícitos.

Nadie se ha tragado el cuento de que no sabían de las actividades del hipódromo “clandestino” del rancho Villarín, sobretodo cuando por conocimiento de notas periodísticas es sabido que varias familias han rentado ese escenario para sus bonitos eventos sociales como bautizos, aniversarios, y comidas de “la alta”, o a donde no extrañaría la presencia de funcionarios de gobierno de todos los niveles.

Tampoco pueden dejar de lado que hasta ahorita se está esperando “el beneficio social” que según la solicitud de los organizadores de la carrera, para eso estaba destinada la parejera.

Luego entonces se vinieron como cascada denuncias de escenarios “clandestinos” como el palenque “clandestino” en Agua Dulce, allá pegado a Tabasco, donde se llevan a cabo peleas de gallos y que seguramente nadie sabía de su existencia, mucho menos la autoridad. Ahora resulta que también para tapar el sol con un solo dedo, existe el anuncio de que se van a regularizar las carreras de caballo y demás festines propios de las películas rancheras de Jorge Negrete, Pedro Infante y Luis Aguilar; ¿pues que no estaban ya regularizadas por Gobernación? ¿O algo así como prohibido?

Para nada se trata de magnificar los eventos de ejecuciones en el estado, no lo anunciamos con bombo y platillo como si fuese algo digno de celebrarse ni tampoco se realza como si fuese lo único que prolifera en el estado. Es claro que existe en Veracruz una cultura muy arraigada, casi una tradición antiquísima, de hechos violentos en tierra jarocha.

Por lo menos dos libros lo documentan así: DULCE GUANÁBANA, del periodista Pedro Ibáñez Hernández “libro escrito con la magia del cuento rural y la crudeza de una crónica policíaca. Como pilón, este volumen regala la experiencia de la cultura de la venganza como producto de la ignorancia, la marginación, el alcoholismo y los instintos desatados de algunos de sus habitantes”, como así lo describe la introducción.

El otro es LA BAMBA VIOLENTA, de Luis Velásquez Rivera, quien nos da una radiografía completa de lo que es la vida veracruzana fundada en los balazos.

Estos nos dan sentidos en los cuales se puede ubicar a la violencia jarocha: uno es el que tradicionalmente predomina en las familias, como los recientes hechos sangrientos ocurridos principalmente en la región sur, específicamente en Las Choapas y Cerro de Nanchital: una niña asesinada por la escopeta de un campesino que buscaba venganza porque el padre de la menor le había robado un par de borregos; y el homicidio a punta de pistola y machete porque al calor de las copas comenzaron los reclamos a un cuñado que se había robado a la hermana antes de que cumpliera los 15 años de edad.

Estas historias (y las que se acumulen) sin duda son y serán parte de la historia del Veracruz violento, el mismo que tiene campesinos armados, policías corruptos y una gran concentración todavía de poder regional por parte de caciques aparentemente ya en vías de extinción.

Como veracruzanos debemos de admitir la realidad de que vivimos todavía en una sociedad violenta, condenada a que en cualquier momento nos topemos con matón prófugo y en su desesperación nos rocíe a balazos. La insistencia de hechos aislados y ajustes entre matones se derriban cuando en la reciente balacera cerca de Plaza “Las Américas”, en Boca del Río, trasciende que el civil Jorge Fernández fue rematado a balazos luego de bajarse a reclamar el choque de su vehículo particular.

Claro que los “malosos” de Veracruz se matan entre ellos; sería realmente el colmo que también estuvieran a diestra y siniestra a todo aquel jarocho que se les atraviese, tanto así que hasta el hoy subprocurador de Xalapa, Marco Antonio Aguilar Yunes, es el único alto funcionario de la Procuraduría al que se le ha visto armado con una pistola escuadra apañada al cinturón.

Las muertes y hechos violentos criticables sencillamente son por actividades de la delincuencia organizada asentada en territorio veracruzano; la renuente terquedad de negarlo solamente ha llevado a desprestigiar al gobierno en sí, y solamente hace creer que entonces altos mandos policíacos y del poder político de todos los colores están inmiscuidos en dichas actividades.

Es simple: la delincuencia organizada tiene que forzosamente estar protegida por autoridades locales; no se explica una cosa sin la otra, porque entonces la delincuencia no se arriesgaría a entrar a un estado sin tener información de primera mano: es parte de su logística.

De igual manera, uno como usuario frecuente de las carreteras veracruzanas, nos damos cuenta de algunos retenes de seguridad que realiza el Ejército, Policía Federal Preventiva y Seguridad Pública, o incluso el Instituto Nacional de Migración (que dudan de cualquier vehículo sospechoso o de un camión) y que inmediatamente harían pensar que hay un fuerte dispositivo de seguridad… pero en las autopistas. Viaje usted en muchos de los caminos libres, y verá que gran parte de éstas apenas cuentan con algunas patrullas diseminadas.

Si vinieran miembros de la delincuencia organizada (sea la mafia que sea) es claro que necesitan información que los pueda conducir a evadir este tipo de retenes, o al contrario: una gran protección que les permita entrar y salir del estado como si nada, tal como sucedió con la ejecución del alcalde de Ixtepec, Oaxaca, Neguib Tadeo Manrique, y cuatro personas más, ocurrida cerca del aeropuerto del puerto de Veracruz y a unos metros de instalaciones policiacas. Así como entraron los sicarios de armados con rifles de alto poder, cometieron su cumplido y se retiraron como nada: curiosamente nadie los vio ni entrar ni salir del estado.

En verdad que sería triste pensar que el discurso del gobierno se centre en que los “malosos” entran y salen de Veracruz, porque de cualquier manera preguntamos ¿entonces quién vigila las entradas y salidas del estado? ¿O quien se encarga de vigilar los caminos? Claro que hay delincuentes asentados en el estado, e historias que se narran en los libros antes mencionados nos especifican claramente como algunos pistoleros se han convertido incluso en parte de las fuerzas policíacas o han trabajado al lado de ellas, o las corporaciones han sido cómplices de diversos ilícitos.

Las condiciones de inseguridad que se critican son precisamente por la corrupción que ha permeado en las corporaciones policíacas y mantiene la presencia de narcomenudistas, robacarros, pistoleros, ladrones; sólo como ejemplo, resulta harto curioso que en Minatitlán recientemente haya un cambio de inspector de Policía Municipal y se haya desatado la delincuencia: hay asaltos y robos por doquier, lo que nos lleva a pensar que existe una protección de la policía o que realmente resulta una ineptitud por parte de Martín Islas Mora, encargado de la seguridad en el pueblo petrolero, para controlar a la delincuencia.

Claro que lo ideal para quienes gobiernan es siempre el de un escenario de Veracruz seguro como en Semana Santa (tanto así, que hasta se recuerda la heroica muerte de un oficial de Seguridad Pública tratando de rescatar a una persona que se estaba ahogando), o en el Tajín o incluso en la pasada edición del carnaval de Veracruz, donde hubo saldo blanco; es claro que se debe cacarear el huevo de que en cuestiones turísticas, el estado es como el paraíso; pero fuera de esos menesteres turísticos (que realmente sólo benefician a los empresarios), en Veracruz sería muy lamentable si tenemos que acostumbrarnos a que en cualquier momento pueden “entrar y salir los malosos” del estado.

Aunque la realidad es que también algunos viven aquí; que no se quiera admitir, eso ya es una necedad publicitaria.

15 de febrero de 2007

Líderes y divos mexicanos

pablo.jair.ortega@gmail.com.- Los “líderes” de opinión gustan de lucirse como deidades cuando salen al extranjero; no sólo tenemos que ser las víctimas del estereotipo gracias a la siempre popular imagen del mexicano sombrerudo recostado en un nopal echando la flojera, al famoso ratón Speedy González y el tequila, sino que también tenemos que soportar los desplantes y “lapsus soberbius” de las divas y divos mexicanos, cuyo oportunismo dista de una verdadera ideología y apunta al deseo fatuo de llamar la atención.

Ahora el activismo entre los artistas y políticos se convierte en mero producto de marketing para así convertirse en los líderes mexicanos, cuyas lamentables actitudes llevan a reforzar la imagen de unos mexicanos más que orgullosos, en franca y vacía arrogancia.

Sólo debemos visualizar las pretensiones de Vicente Fox cuando quiso parecer más intelectual que vaquero al hablar del “premio Nóbel colombiano”, Mario Vargas Llosa. Esa actitud pomposa de darse a conocer como un conocedor conferencista, líder mexicano de opinión, lleva a México a la poco amable conclusión de que somos un pueblo acostumbrado a elegir gobernantes ignorantes y que celebramos cualquier ocurrencia de quienes se cuelgan el estandarte de “representantes” nuestros.

Sólo por eso, más de un político serio o estudioso de la materia se habrá carcajeado con la ingenua propuesta del ex presidente: unir a las dos Coreas, más allá del peligro que representa inmiscuirse en asuntos de otros países.

Cómo olvidar la digna representación mexicana en la entrega de los premios Oscar del año 2003 en la voz del ahora joven actor-activista, Gael García Bernal, quien aprovechó el idioma español para confundir a los productores de dicha emisión en vivo (es altamente censurada la entrega de dichos premios desde que el documentalista Michael Moore aprovechó su triunfo para encarar al presidente Bush por fraude electoral) y dijo ante millones de espectadores: “Si Frida estuviera viva, estaría con nosotros, contra la guerra”.

Seguramente las calles de California en ese momento se llenaron de anarquía y caos por las declaraciones del artista, y miles de manifestantes latinos (o los que entendiesen español) tomaron las principales plazas en demanda de que termine la guerra, abanderando las declaraciones de García Bernal quien a esas alturas se habrá convertido en un peligroso activista, indeseable para el gobierno.

De igual manera, no hay que dejar de lado a la banda Maná (ese alimento que Diosito repartió, a diferencia del DIF de Alvarado) cuando en un plan del más puro orgullo azteca declinaron el asistir a los premios Grammy que se otorgan a lo más trascendente de la industria musical comercial. Los “manitos” dijeron que era porque los habían discriminado y no iban a ser televisados los latinos como el resto de los premiados.

Para esto una buena observación de un usuario de los foros del diario El Universal online: “Para empezar, los Grammy son una payasada, pero Maná es peor. Los Grammy son premios para los gringos, igual que los Oscar, y los brutos creídos de Maná quieren que se les dedique la noche y la ceremonia a ellos. Se enojaron porque no los invitaron a cantar en vivo. Para eso están los Grammys latinos. Los de Maná han perdido el piso. Pensaron que cancelarían la entrega nada más porque ellos no fueron.”

Independiente de los gustos musicales de cada quien, la verdad es que la actitud de dicha agrupación seudoroquera y su “boicot” a la ceremonia de premiación –que anunciaron en rueda de prensa con bombo y platillo–, dudamos que haya preocupado en lo más mínimo a los organizadores. No creemos que tales señores hayan estado a punto de cancelar el evento porque los de Maná no asistirían, y mucho menos considerarían seriamente suspender hasta nuevo aviso los galardones que se han entregado desde 1959, sólo para discutir si la protesta de los “roqueros” era justa y válida.

Claro que en el foro de El Universal hay opiniones donde se demuestra un total apoyo a la actitud de dicho grupo, celebrando la dignidad de la raza de bronce. Son muy respetables.

Pero quisiéramos pensar si protestas y activismos como esos son lo más justo para México, dada la decadente imagen exterior actual en política diplomática. Claro que hay que estar en contra de algo tan estúpido como la guerra de Irak, sobretodo cuando es una vil invasión por controlar el petróleo más barato del mundo (está a 5 metros de la superficie, lo que no requiere tanta inversión para su extracción)… ¿pero, realmente, un activismo artístico ha cambiado el mundo? ¿Se ven las expresiones? ¿O fue simple oportunismo para impulsar una carrera artística?

En el caso de la banda de los “manitos”, ¿en serio creen que a uno como mexicano le preocupa esa “dignidad” defendida en unos premios extranjeros? El cineasta Guillermo del Toro acaba de ganar premios importantes como los Goya y los BAFTA, y no por eso anda diciendo que no iría a los premios porque España e Inglaterra apoyaron la guerra en Irak. Tampoco manifiesta activismo propio de la prensa sensacionalista, sino que realiza lo que sabe hacer bien: cine, y con ese arte expresa su manera de ver el mundo sin tanto alboroto y escándalo.

Pero en verdad que ahora hay una facilidad para crear falsos ídolos mexicanos y divos de desplantes propios de la “Doña” ante una juventud que es adicta al programa barato de chismes y espectáculos, propensa a crearse la imagen de que verdaderamente esa es la gente que necesita el país para salir de una imagen desgastada de latinos orgullosos.Si fuese así, ya quisiéramos ver a tales divos rechazando realmente premios, galardones, contratos millonarios en dólares con firmas disqueras en su mayoría gringas, y realzando realmente los conceptos artísticos de los mexicanos.

Total, el nacionalismo también vende.

7 de febrero de 2007

Amenazas equinas

Pablo Jair Ortega - pablo.jair.ortega@gmail.com.- En los últimos días para nadie ya sería sorpresa que la señora Juana Isabel Morales Aguirre, síndica desaforada del municipio de Minatitlán y principal sospechosa del crimen de su esposo Javier Gómez Gutiérrez, regresaría a los escenarios del petrolero municipio haciendo gala de impunidad.

Primero fue el asunto del desafuero: algo que indignó a más de un minatitleco y donde uno como ciudadano no se explica el porqué hay preceptos legales para proteger a quienes están acusados de homicidio; que el famoso fuero constitucional de ciertos políticos (principalmente alcaldes) se ha convertido en un amparo para delinquir y el camino con el tiempo suficiente para que el acusado emprenda la graciosa huida y aplique sus estrategias de defensa, en un estado donde se contradice a la retórica de la justicia llana, simple y sin miramientos.Ya no hablemos del asesinato de Gómez Gutiérrez; desde un principio se veían las señales de que a la señora Juana Isabel la justicia sólo le iba a pelar los dientes, y que el homicidio, el delito más grave que se debe perseguir de oficio, va rumbo a ser recordado como una penosa anécdota para la historia de Veracruz.

No sólo huyó con todas las facilidades otorgadas por la Policía Municipal y Ministerial, quienes supuestamente la resguardaban en una clínica privada luego de resultar lesionada de un balazo en los hechos de sangre donde perdiera la vida su marido, sino que se escondió mientras sus abogados buscaban los mecanismos legales para su feliz retorno, protección que distaba mucho de ser solamente una vil huida: alguien debe estarla protegiendo desde las esferas gubernamentales porque sólo así se explica que el director de la Policía Ministerial, José Gabriel Pérez Gutiérrez, haya declarado el año pasado que no tenían porque andar investigando a la señora causándole molestias. Una declaración por demás absurda y ridícula.

Pero en fin, la señora ha regresado a los brazos de su familia, allá en el rancho “Los Javieres” que fue la tumba de su esposo. Y ahora se fotografía en cafés para darle a conocer a Minatitlán que sí, es ella, créalo, está aquí, ella es y no necesita presentación: es “La Potra”.

Ya sus más cercanos colaboradores han pedido a los reporteros que ya vayan a reportarse con la “jefa” ahora que ya ha regresado, y sobretodo porque tiene dentro de sus objetivos inmediatos regresar a la posición de síndico único en el ayuntamiento (como un insulto para la buena fe de los minatitlecos), posición desde donde dispone de los recursos municipales.

Pero no sólo es el hecho de que la señora se ha amparado bajo la justicia federal para evitar ser detenida; en el mismo palacio municipal ya muestran su actitud supina de verse dispuestos a lo que digan las autoridades competentes en lo referente al regreso de la señora al ayuntamiento. Ni un pero han puesto y a lo mejor ya hasta globos y serpentinas con mensajes de “Bienvenida Juana” ya estarán colocando en las paredes.


Lo que no tiene nombre (como esta columna) son las ya insinuadas amenazas y advertencias dentro del gremio periodístico por parte de gente cercana a la ecuestre dama. Los mismos adoradores de la hípica andan difundiendo que parte de los objetivos ya dentro de la sindicatura, es tomar represalias contra periodistas que informaron sobre las épicas hazañas de la señora al verse involucrada con el homicidio de su esposo, quitando los convenios de publicidad con sus respectivos medios de comunicación.

El chiste es crear una especie de mito novelesco sobre su reaparición en los escenarios políticos; algo así como publicitar un corrido norteño que podría denominarse “El regreso de la Potra”.
Sólo que es extraño que entre tantas expresiones se olvide que doña Juana “Potra” está bajo proceso judicial y será hasta que se le dicte sentencia por parte de un juez (se le declare oficialmente inocente o culpable) que podrá tener la oportunidad de regresar a su puesto de síndica. Que la legislatura es la que tiene que autorizar o negar el regreso oficial de la señora a la comuna, en un proceso que se antoja largo y tedioso, de por lo menos un año o dos más.
Si los tiempos son justos, lo más probable es que a doña Juana Isabel no le alcance el tiempo para regresar a ser la síndico del periodo actual, por el desarrollo de su proceso judicial.

Pero dicen que dada a la manera de ser tan caprichosa doña Juana “Potra”, suponiendo que en octubre dé un fallo a su favor el juez, lo más probable es que regrese al palacio nada más a tomar protesta nuevamente como síndico, a unos días de terminar la actual administración y sólo para orgullo cual alpinista necio que a fortiori quiere llegar a la cima como sea.

Así es la política equina, con sus lacayos que son como jumentos.

5 de febrero de 2007

Pájaros en el alambre

Pablo Jair Ortega - pablo.jair.ortega@gmail.com.- Se escucha como broma entre algunos periodistas. Hay quienes ya se dicen acostumbrados a que su teléfono esté intervenido, con “pájaros en el alambre”, o “pinchado” como dicen los españoles al traducir los manuales de “phreaking”.

Lo lamentable es que para algunos miembros de la familia resulta incómodo que por la profesión de uno se tenga que soportar a los chismosos que están colgados del otro lado de la bocina para escuchar llamadas. Ya ni recetas se pueden pasar, ni el secreto antiarrugas, ni platicar de esas farras donde se sentó a la mesera de falda morada y veintitantos años, porque inmediatamente apuntarán los anónimos del otro lado: “gusta de ir a tomar a cantinas y de enamorar meseras jóvenes”.

Ya no digamos de aquellos que guardan sus secretos de closet. Todo es una perfecta arma política: la concentración de los secretos porque la información es poder, y si no, lástima que se murió Gutiérrez Barrios, porque entonces les explicaría el alcance de ser el hombre más informado.

¿Y quiénes son los que están detrás del micrófono? Aquellos que por más que se les insulte siguen aguantando en aras del morbo por conocer los secretos del espiado. Dicen que son militares, pero la verdad es que al menos en la zona sur de Veracruz distan mucho del arte de “orejear”: en la primera marcha organizada por Tony Williams en contra de la Comisión Federal de Electricidad en Coatzacoalcos, ahí se veían infiltrados vestidos de civiles (para quienes hemos vivido cerca de los cuarteles militares, inmediatamente se reconoce la vestimenta de civil de un soldado) a los miembros del Ejército tomando notas y preguntándole a los periodistas “¿cómo se llama el gordito que está gritando?”.

De igual manera se tiene conocimiento de que muchas veces no salen a investigar al campo por la falta de recursos, aunque se sabe que tienen informadores en diversas partes, como el parque Independencia de Minatitlán disfrazados de boleros.

Pero igual el honorable Ejército debe tener cosas más interesantes que hacer en lugar de andar oyendo chismes de periodistas (o leyendo columnas tan banales como esta, que ni nombre tiene), así que creemos que el asunto se desenvuelve en el ámbito civil.

Civil significa el gobierno; municipal serían casos muy raros, por lo que nos vamos al ámbito estatal y federal, por la cantidad de recursos que tienen. En el gobierno estatal se conocen los llamados “informadores políticos” que siempre aparecen en todos lados; el “punto rojo” de Coatzacoalcos que siempre por la radio de la policía llamaban para que acudiera a diversos sucesos.

Claro que no faltará alguna oficina discreta donde haya equipo sofisticado (o no) para la cuestión de las detecciones de llamadas; que en las regiones donde esté dividida estratégicamente la “inteligencia” gubernamental (sí, suena contradictorio cuando vemos a ciertos personajes que gustan de hacerla de James Bond pocos discretos con todo y radio en los restaurantes) hay alguien que se encarga de intervenir a líderes sociales o editores, periodistas. Alguna vez nos decía el director del Cablecanal que tuviéramos cuidado con lo que reportábamos en la tele, porque había alguien que nos monitoreaba.

Pero igual y la verdad que sería de flojera estar espiando a todos los periodistas, y a todos los editores y líderes políticos. Tal vez si les convenga a sus intereses, porque sólo así se explica que se conozcan los pasos de ciertos personajes.

También deberíamos remarcar lo de “inteligencia” cuando una llamada entre este autor y otro se cortó de manera repentina, escuchándose música de fondo unos segundos antes y el claro sonido de ajetreo de un aparato. Pero igual y son los de TELMEX, desde donde sería más fácil intervenir cualquier número, pero ya sería especular mucho.

¿En Xalapa hay espionaje? ¡Claro! Por algo el famoso “palomar” arriba del Palacio de Gobierno. O los aparatos esos que dicen que nomás le programa uno los números de celular y se activan automáticamente para grabar las conversaciones. ¿Quiénes serán los espiados? ¡Híjole! En Xalapa se antojan varios: empresarios, políticos de todos los niveles, periodistas, editores, familias influyentes… a lo mejor hasta el clero.

Pero ¿serán los del CISEN también? No por nada el gobernador a veces sale al balcón o al parque Juárez para platicar cosas delicadas, como se vio cuando aquella “amenaza” de muerte que supuestamente existía en contra del gobernador Fidel Herrera y el diputado Alejandro Montano, donde ambos salieron a caminar al parque lejos de lo micrófonos.

Y claro que al gobierno federal (se da cuenta como van subiendo los intereses de nivel) también les interesa tener conocimiento de lo que se platica en los teléfonos o en los pasillos del Palacio de Gobierno, o en las altas esferas partidistas, diputados federales, etc.

A lo mejor ni pasa nada y es pura imaginación de un periodista paranoico, que sospecha hasta de un tordo en un cable de alta tensión a punto de cometer suicidio, porque se siente perseguido.