25 de septiembre de 2008

El acelere de los generales

Pablo Jair Ortega - pablo.jair.ortega@gmail.com.- En el sexenio de Agustín Acosta Lagunes se tomó la decisión de quitarles las armas de fuego a los agentes de Tránsito. Eran de tales magnitudes la prepotencia, los escándalos, y, principalmente, las quejas ciudadanas, que el Gobierno del Estado prefirió solamente dejarles a cargo la vialidad (y la consecuente tradición de recolectar para la cuota diaria).

Hoy, a varios años de distancia, el director de Tránsito del Estado, Homero Gamboa, insiste en que es necesario armar a los agentes viales con el argumento de que es para coadyuvar a un Veracruz seguro. Incluso refiere que propondrá a través de una iniciativa en el Congreso del Estado, para que se reforme la ley y se le permita a los famosos “tamarindos” portar armas de fuego, anteponiendo que habrá exámenes psicológicos para ver si el elemento es apto o no.

En Seguridad Pública, los mandos están molestos por que se ha dado a conocer a la opinión pública el caso de los tres policías intermunicipales que fueron secuestrados en Xalapa hace una semana aproximadamente, y que, en muy lamentables etapas, fueron negándolo, luego trataron de disfrazarlo diciendo que habían sido detenidos por Policías Federales, hasta que no les quedó de otra más que admitir a regañadientes (aunque de manera no oficial todavía) que efectivamente estaban desaparecidos y que habían sido “levantados”.

La confirmación lo vino a dar la misma sociedad xalapeña, cuando el pasado lunes los elementos fueron tirados sobre la avenida Ruiz Cortines, golpeados, pero afortunadamente vivos. De haber sido detenidos por policías federales, sólo habría dos escenarios: tendrían que demandar a la Policía Federal por la tortura de estos tres uniformados estatales, o de plano admitir que todo fue una farsa y ningún elemento de las fuerzas federales o autoridad judicial de ese nivel procedió a la inventada detención.

Luego, en lugar de llevarlos a un hospital o con sus familias, las órdenes fueron llevar a los tres elementos a las instalaciones del C4 para ser interrogados. Tras conocerse los hechos, y sobre todo por los familiares que habían estado exigiendo a los mandos policiacos que respondieran por sus consanguíneos, este miércoles 24 los tres elementos de nombres Braulio Torres Rosado, Edgar Enríquez Hernández y Néstor Noé, fueron llamados al cuartel San José para notificarles que (aparte de lo sufrido y a punto de posiblemente perder la vida) serían cambiados de plaza, y serían enviados a distintos puntos del estado a trabajar en alguna de las 19 delegaciones que existen en la entidad.

No conformes con esto, la decisión --se les dijo-- fue tomada como una medida de represalia, dado a que los policías o sus familiares, según los altos mandos policiacos, estaban filtrando datos a la prensa. Finalmente, y por presión de la opinión pública (al verse expuestos como “represores”) echaron para atrás la decisión.

Era lo conducente. ¿Qué ganaba la SSP con “castigar” a sus elementos? ¿No sería adverso el mandar fuera de su núcleo familiar-laboral a estos policías? ¿No hay por el momento unas tareas más difíciles que el andar reprimiendo a los subordinados? Ahora, ¿no hubiera sido más conducente arropar a éstos luego del sufrimiento físico y psicológico al que estuvieron expuestos? A lo mejor hubieran quedados como héroes ante sus elementos, y no como villanos: de ahí depende el ganarse el respeto.

Quizás dentro de una lógica militar, no es así. La disciplina castrense exige una suma obediencia a los altos mandos, sin chistar las órdenes; de igual manera la discreción y hasta el “portarse como machitos” ante situaciones como la que acaban de vivir estos tres policías: apechugar como soldados que una experiencia tan intensa como esta, es parte del oficio.

Sólo que aquí hay una enorme diferencia: no estamos hablando de soldados. Estamos hablando de policías, personas que cumplen funciones diferentes a las del honorable Ejército; tienen rutinas diferentes, disciplina distinta. No es lo mismo que un miembro de las fuerzas armadas entrenado para una guerra, para combatir a iguales fuerzas militares, grupos armados, e inclusive ahora que está en boga usarlos para combatir a la delincuencia organizada.

Inclusive los escenarios son diferentes: los jefes militares no responden ante la presión pública, porque están acostumbrados a vivir en un mundo muy apartado. El policía estatal está en cualquier punto de la entidad y convive con todos los estratos sociales, tiene que lidiar con borrachos, pedantes, prepotentes y hasta inaguantables periodistas. El soldado está de guardia, en retenes muy específicos, obedecen a estrategias muy concretas y tienen poco tacto con la sociedad civil, a excepción de cuando se aplica el famoso plan DNIII. Precisamente en este punto, en Coatzacoalcos ya había ciudadanos que se quejaban de una especie de acoso practicado por los miembros de las fuerzas armadas, que revisaban prácticamente a todos.

El asunto entre Tránsito del Estado y Seguridad Pública, es que ambos están encabezados por jefes militares. Si bien es confiable la medida en una primera instancia por el gran prestigio que tiene el Ejército Mexicano, lo que ya empieza a manifestarse como efecto negativo de mandos con educación marcial son las disposiciones como el de armar a los agentes de Tránsito con el pretexto de ayudar a mejorar a Veracruz en su seguridad, o el de aplicar medidas represivas contra elementos que están siendo violados sus derechos humanos más fundamentales: la garantía de una vida digna, incluida la precaria situación laboral (un policía veracruzano, en promedio, ganará, a lo mucho, unos 4 mil pesos al mes).

Mucho se ha hablado de la militarización de la policía, y es un tema complejo por diversos factores: la corrupción interna en la corporación, la supuesta falta de elementos capaces para dirigir la institución, el uso deshonroso que se le da a Seguridad Pública con trabajos sucios como golpear indígenas o servir de nómina para “aviadores”, etc., pero con el amplio margen de acción que se le ha dado al Ejército en este gobierno de Felipe Calderón, ahora pareciera que algunos militares quieren acapararlo todo más allá de sus nombramientos en fuerzas locales.

Sólo bastaría recordar que México es el único país que al menos en su historia moderna superó las fatídicas dictaduras militares de Latinoamérica. Afortunadamente aquí queremos, respetamos a nuestras fuerzas armadas, que no merecerían un descrédito por el triste papel que realizan sus egresados en fuerzas policiacas estatales.

¿Qué pasaría si un policía de carrera fuese mejor secretario de Seguridad Pública? Los que tienen años en esto de la política, dicen que origina un conflicto de intereses entre el Ejército y el gobierno estatal. El problema es que mientras allá en las cúpulas hacen lo políticamente correcto, acá abajo vemos una descomposición interna como la que ocurre estos primeros minutos del viernes 26 de septiembre, donde la Policía Federal está por enfrentarse con elementos de la Agencia Federal de Investigaciones.

Que Dios, Alá, Buda, Krishna, Ganesh, todos ellos y los que me faltan, nos agarren confesados.

9 de septiembre de 2008

El Z en Xalapa



Yo sé que no tiene nada de novedosa la imagen, pues ya tiene rato circulando entre los blogs, pero agradeciendo la amabilidad de mi lectora Grace (a la cual le envío muchos saludos), he decidido colocar esta imagen que circula del Mazinger Z en Xalapa, un muy buen fotomontaje y le acompañan textos similares en varios correos electrónicos sobre quién es el verdadero Zeta en Xalapa.

Otros dicen que Mazinger en realidad sí estuvo en la Atenas Veracruzana, porque Koji Kabuto estaba buscando en misión secreta al Dr. Hell, al parecer oculto en una de las galeras del Ágora; o al barón Ahsler, que visita constantemente un centro nocturno gay que se encuentra en Clavijero, un par de cuadras atrás del Mazinger.

Lo más grillos dicen que en realidad estaba buscando al verdadero Zeta de Xalapa, y que no estaba muy lejos de encontrarlo, sólo que tropezó, cayó la torre, y entonces tuvieron que abortar la misión secreta para que los xalapeños no se dieran cuenta.

Ya saben, pachequeces...

28 de agosto de 2008

Embarrar la marcha

* ¡Ozuuuuu! ¡Que me he equivocado y no es domingo 30 de agosto, gilipolla! ¡Hijo de la que me parió!

Pablo Jair Ortega -
pablo.jair.ortega@gmail.com.- No se vale, en verdad. No se vale que con afán de protagonismos, los políticos veracruzanos hayan querido manchar la protesta promovida organizada por la organización Iluminemos México, en la que ciudadanos de todos los estados de la república saldrán a la calle este domingo 30 de agosto, vestidos de blanco, con una vela en las manos, en silencio, para marchar contra la inseguridad.

Los organizadores han pedido, suplicado hasta el cansancio, que, por favor, los políticos se abstengan de participar en la marcha para que no se preste a malas interpretaciones: es decir, que no se confunda dicha movilización con fines políticos, propagandísticos y partidistas. Es una marcha pura, blanca, sin colores, y aunque los organizadores tuvieran (que se duda) sus simpatías políticas y objetivos tenebrosos de fondo, éstos quedan rebasados por la gran cantidad de ciudadanos que se espera protestarán con una sola voz: alto a la inseguridad.

La presencia de miles precisamente es lo que le dará legitimidad a la protesta. Se habla de millones, si tenemos en cuenta que la protesta será en las 32 entidades del país (Distrito Federal incluido), además de la participación internacional de España, Costa Rica, Estados Unidos e Israel y, posiblemente, Polonia y el Reino Unido.

Lo lamentable es que varios políticos (y políticas, ciertamente) que piensan que el mundo se acaba en los límites de su municipio, como los alcaldes de Veracruz, Boca del Río y Minatitlán, ya se estaban colgando de la participación en la marcha por la paz de este domingo en sus respectivas ciudades.

En el caso de Veracruz-Boca del Río es significativo por la lucha de colores entre ambos municipios: Veracruz pertenece al PRI, los rojos, los de Fidel Herrera y el gobierno estatal; y Boca del Río es del PAN, los azules, los de Felipe Calderón y el gobierno federal; dichos lugares gobernados respectivamente por Jon Rementería y Miguel Yunes.

Más significativo es que será una sola marcha a lo largo del bulevar costero, partiendo de Boca del Río hasta el puerto de Veracruz, por aquello de la conurbación. Por lo tanto, boqueños y jarochos caminarán sin miramientos y colores (se anhela que sea así) a lo largo de todo el malecón.

Ambos ediles, Rementería y Yunes, anunciaron pomposamente que irían a la marcha y participarían como "ciudadanos" en la misma. Inmediatamente se les vinieron las críticas encima por la disposición de ser protagonistas, tomarse la foto con la raza, y ser los "líderes" de la sociedad civil que protesta, precisamente, por las formas en que actúa la clase política.

Peor aún, que no faltaría el fanático partidista que llevará su camisa o cachucha color rojo fastidio, o azul panucho.

Y es que no captaron al momento los políticos jarochos como Jon, Miguel y Guadalupe (la de Minatitlán), que más que la inseguridad, el fondo de la protesta es manifestarse contra la patética y cínica actuación de la clase política en materia de seguridad. La marcha representa el descontento, el rechazo con indignación de la sociedad civil hacia quienes les ha confiado la tarea de la gobernabilidad, de encabezar los cuerpos policiacos y legislar determinadas leyes.
La marcha contra la inseguridad es contra la ineptitud de la clase política, pues.

Luego entonces, no cabría para nada la participación de los actores políticos veracruzanos (y veracruzanas, ciertamente) en un acto que encabezará un rostro heterogéneo de la sociedad. Es triste que las pocas veces que los civiles se manifiestan, los folklóricos representantes populares vengan a embarrar una movilización con su suciedad de grillos.

En este juego infantil de los políticos jarochos, quien dijo primero "me voy y me llevo mis canicas" fue el alcalde de Boca del Río, Miguel Yunes Márquez, al fin y al cabo que ni cargo se hace de ninguna policía, más que de su extrema seguridad personal. El alcalde de Veracruz, Jon Rementería Sempé, tardó en reaccionar con ese obstinado efecto "espejo" de querer opacarle la plana a Yunes Márquez; este día 28 finalmente mandó un boletín para decir que siempre no participará, pese a la férrea insistencia previa de hacerlo.

Para el mediodía de este jueves, en Minatitlán, los asesores de la alcaldesa Guadalupe Porras David le estaban sugiriendo que no participara en la marcha, como lo había confirmado la licenciada en días anteriores a través de su Dirección de Comunicación Social. Con los anuncios de Jon Rementería y de Yunes, lo más probable es que cancele, porque participar la hará quedar mal, sobre todo si busca capitalizar la movilización para su propaganda personal, y más ahora que se candidatea para la diputación federal donde hará mancuerna con Renato Tronco, como suplente estrella del PRI.

Ya hubo un antecedente en la ciudad de México, donde se estimó que participaron un millón de ciudadanos, de los cuales algunos corrieron a las botargas que el Dr. Simi había mandado según para marchar en contra de la seguridad y a favor de la paz.

De hecho, la advertencia es más que clara por parte de los organizadores a escala nacional: el diario La Crónica de Hoy lo resalta: "Representantes ciudadanos, encabezados por Elías Kuri, advirtieron que si algún político asiste a la caminata será bajo su propio riesgo de que sea abucheado o retirado de ésta pues ninguno será bienvenido".

“No queremos que vaya ningún político porque a ellos les vamos a exigir (...) si se presentan, con respeto les vamos a decir que ese momento no es para ellos, sino para los ciudadanos”, señaló Joaquín Quintana, de la Organización Convivencia sin Violencia.

Si bien al calor de las campañas políticas federales rumbo a la Presidencia se denostó la marcha por parte de los perredistas, como "la marcha de los pirrurris", la verdad es que los nacos, los fresas, los incultos, los ignorantes, los sabihondos, los tullidos, los homosexuales, los trasvestis, los mochos, los chayoteros, los egocéntricos, los divos, las bellas, los feos, y los miles que me faltan, todos somos parte de una misma sociedad.

Hasta un cuatro-ojos panzón de mata larga como yo. Políticos no, ¡fuchi!

12 de agosto de 2008

¿Cuánto habrá costado Flavio Sosa?


La marcha de Flavio Sosa en Xalapa

Pablo Jair Ortega -
pablo.jair.ortega@gmail.com.- La presencia de Flavio Sosa Villavicencio como dirigente fundador de lo que hoy es la APPOSVER (Asamblea Popular de Pueblos y Organizaciones Sociales de Veracruz), sólo nos lleva a pensar que a quienes dicen representar a la izquierda veracruzana, de plano se les acabaron las ideas para ser oposición.

Flavio Sosa, con los antecedentes que tiene en Oaxaca como agitador profesional en la nómina del gobierno de José Murat, dudamos mucho que haya venido a Veracruz por el hecho de ser un luchador social comprometido con las causas nobles, o que de plano sea algo así como un Martin Luther King región 4 y reloaded; alguien tuvo que haberlo convencido de que acá en Veracruz es terreno virgen para eso de las manifestaciones radicales y violentas; que ante la cerrazón del gobierno para bloquear las protestas, se necesita de su “carisma” y “liderazgo” para encabezar el recién creado grupo APPOSVER, cuyo antecedente en Oaxaca ya probó ser ultra radical.

Juan Carlos Mezhua Campos, consejero nacional del PRD e identificado con las causas indígenas, es quien hoy dirige en el estado la APPOSVER. Fue un activo militante en el caso de la indígena violada presuntamente por militares Ernestina Ascencio.

Se duda que la presencia de Flavio Sosa en Veracruz sea gratuita. Los servicios de un activista de la naturaleza de Sosa Villavicencio, concluyen en que deben haberlo convencido con una suma considerable de gastos para movilización, traslados, comidas, alojamiento, teléfonos celulares, manutención, pero sobre todo, para la operación política de lo que hoy es otra de sus creaciones.

En Oaxaca es conocido que Sosa Villavicencio posee riquezas.Quienes lo apoyan, especialmente dirigentes del Partido de la Revolución Democrática simpatizantes del lopezobradorismo como Mezhua Campos, deben haber agotados sus recursos como para verse en la necesidad de importar a un líder social oaxaqueño, admitiendo con esto que la izquierda veracruzana carece de liderazgo propio, minimiza a sus propios miembros y prefiere contratar a mercenarios.

De esto no sólo tiene la culpa el PRD: el mismo gobierno estatal ha optado por los ataques de pánico cuando se anuncian movilizaciones de campesinos, al grado de que los pobres campiras --regularmente INDÍGENAS, aunque se rasgue las vestiduras el diputado Polo Torres-- son detenidos por la Policía Estatal y confinados en el Agrocentro (un edificio a pocos kilómetros de Xalapa, conocido por su arquitectura como “El Armadillo”), que se ha convertido como en un moderno campo de concentración.

Ante la negativa de que a Xalapa entren manifestantes campesinos, huarachudos y sombrerudos, no aptos para la high society encabezada por su fresa alcalde David Velasco, esta discriminación a la legítima manifestación en la capital del estado se radicaliza, y es por eso que obligan (o por lo menos tratan de justificarlo así) a traer a especialistas en materia de organización opositora.

No obstante, Flavio Sosa Villavicencio, como todo mexicano, puede andar donde se le plazca porque así se lo garantiza la constitución; el noble pueblo jarocho le dará la calurosa bienvenida y podrá quedarse en lugares cercanos a Xalapa preferidos por rebeldes folkloristas, como Coatepec o Xico. En serio que se le recibirá bien como a muchos que desean vivir en este suelo hermoso, y se le saludaría todos los días con la amabilidad característica del pueblo jarocho.

Incluso se compra el hecho de que Flavio Sosa Villavicencio proviene perseguido de un estado gobernado por un Ulises Ruiz asesino y represor. No se debe perder de vista este punto, porque es gracias a las tácticas siniestras de Ulises que la protesta de la APPO en Oaxaca se radicaliza. Súmese la exageración del gobierno federal de encerrarlo en una cárcel de máxima seguridad, que resultó contraproducente, pues entonces se daba entender que Sosa tenía la misma peligrosidad que la de Osiel Cárdenas, Daniel Arizmendi, y otras distinguidas personalidades del penal de La Palma, en Almoloya.

Entre todos estos enredos políticos ajenos a los jarochos, lo que no se vale es que seamos rehenes de intereses de grupúsculos políticos de la izquierda radical... ¿Qué pensaban los patrocinadores de Flavio Sosa al traerlo a Veracruz? Especialmente si se trata de un contrato nada barato y con consecuencias a mediano plazo, con las elecciones federales cercanas del 2009; sobre todo si los encargados de la política interna de Veracruz no operan de inmediato.

Y es que con los antecedentes y experiencia de Sosa en las movilizaciones sociales, no nos queda otra más que pensar que su aparición en terreno veracruzano es para una estrategia de desestabilización, aprovechando el factor de que las autoridades estatales le tienen miedo a famosos “líderes sociales” como el mismo Sosa, Genaro Domínguez, César del Ángel, o Margarito Montes Parra, a quienes les dan carta libre para hacer lo que quieran, incluso violando la ley, bajo el disfraz de “luchadores”.

A César del Ángel incluso lo reciben como héroe en Palacio de Gobierno. A Flavio Sosa ya lo dejaron hacer su primera marcha en la Plaza Lerdo de Xalapa e incluso interrumpiendo el tráfico de la principal avenida, la Enríquez.

Con ejemplos como éste, los veracruzanos quedamos ante el país como un pueblo que fácilmente puede ser sometido, sobre todo por ese actuar de la autoridad cuando usa el garrote contra los paisanos, pero ante líderes fuereños como Flavio Sosa o César del Ángel, fácilmente se bajan los calzones.