8 de agosto de 2010

Frustrado lavado de imagen

Pablo Jair Ortega - pablojairortegadiaz@gmail.com.- En la pasada entrega titulada “LOS TEATROS DE LA SSP”, señalamos que desde el Distrito Federal y a través de impactos mediáticos de alto nivel quieren lavar la imagen de la Policía Federal, pero en las entidades la percepción es distinta.

Mientras que Ciro Gómez Leyva y Carlos Marín, de Milenio, echan loas a la Policía Federal por el rescate de uno de sus compañeros secuestrados, se les olvidó por momentos el ser periodistas y cuestionar el actuar de la Secretaría de Seguridad Pública. Es “la arrogancia del altiplano” que siempre menciona López Dóriga: lo que ellos difunden es la “verdad” y ya.

Decían entonces que la casa donde estaban secuestrados los 4 periodistas --entre ellos el camarógrafo de Multimedios y Milenio-- era vigilada, rastreada con inteligencia, pero como si nada escaparon los captores, a lo que la lógica periodística lleva a pensar: o eran policías o negociaron la liberación con una célula del cártel del Pacífico, dirigida por “El Chapo” Guzmán, a quien se le relaciona con el gobierno como el narco favorito del sexenio.

La estrategia de lavar la imagen a la Policía Federal --y consecuentemente a la Secretaría de Seguridad Pública-- salió mal para variar. Los golpes a la delincuencia, al narco, las conferencias de prensa, ante una protesta como la ocurrida en Ciudad Juárez, se derrumban por la falta de transparencia y congruencia entre lo que informan hacer y lo que verdaderamente hacen.

Y es que mientras en la capital del país, donde se concentran los medios de alcance nacional, hablan maravillas de los federales y la Secretaría que los maneja, los que tienen que lidiar muchas veces con la verdadera cara de los elementos policiacos son los ciudadanos y periodistas de la provincia.

Es algo parecido a lo que ocurre en Xalapa con respecto a las demás ciudades del estado de Veracruz: el trato de los policías es diferente con los xalapeños porque no saben si en una de esas se trata del hijo de un connotado político, de una familia conocida, o uno de los miles de burócratas que viven en la capital. Fuera de los municipios, la policía es menos diplomática.

No debemos olvidar febrero de 2008 cuando se llevaron al fotógrafo Gabriel Huge, del Notiver, cuando al ir siguiendo a un convoy que iba a misión, lamentablemente un oficial cayó de la batea de la patrulla y murió, arremetiendo los elementos contra el fotógrafo que en ese momento tomaba las gráficas del accidente. El final feliz fue que los federales se fueron caballerosamente a disculpar con Huge y con los del diario porteño.

Pero no todos han sido felices y sí ruidosos escándalos: el 15 de julio del 2008, en Minatitlán, una bailarina denunció que todo un grupo de 30 policías federales querían violarla tumultuariamente cuando iban a bordo de un camión habilitado como “table dance” rodante. Al ponerse pesado el asunto, la bailarina alcanzó a huir y solicitar el apoyo de la Policía Municipal, deteniendo a los federales y luego llevándolos ante sus jefes inmediatos.

Cabe mencionar que en el caso de Minatitlán, los federales no estaban en condiciones deplorables de comodidad: dormían en instalaciones de la 29ª Zona Militar, con resguardo de militares y servicios básico garantizados. No estaban en hoteles y haciendo guardia por sí mismos para cuidarse de posibles ataques.

El 24 de julio de 2010, el diario El Dictamen da a conocer que elementos de la Policía Federal del programa México Seguro y que refuerzan la seguridad de la garita de migración ubicada a la salida de esta ciudad, protagonizaron un escándalo en la calle Ocampo con Victoria al realizar disparos. Los elementos policiacos se encontraban ebrios y fueron detenidos por la Policía Municipal, horas más tarde fueron liberados por sus mandos. Los hechos se registraron la noche del miércoles, cuando los ebrios policías federales a bordo de un vehículo Astra color blanco y un Jetta color arena, amedrentaron a un taxista al cual lo amenazaron y encañonaron, para luego amenazar a la recepcionista del hotel que se encuentra cercano al lugar.

Así como los casos anteriores, ha habido eventos lamentables que recordar: cuando el policía federal chocó en estado de ebriedad a bordo de su patrulla en Xalapa.

La cereza en el pastel ha sido la protesta que este sábado armaron policías federales contra sus mandos en Ciudad Juárez; a los mismos los acusaron de estar coludidos con la delincuencia organizada que fueron a combatir a la ciudad más peligrosa de México. “Nosotros exponemos nuestras vidas”, fue el grito de la tropa, denunciando que sus jefes los obligan a servir al narco.

Y es que no basta que los policías sean alabados, montarlos en altares y prenderles una veladora, por el simple hecho de hacer su trabajo (eso es quizás lo más ingrato de su oficio), sino hacer todo lo anterior cuando realmente cumplan con esas labores de manera constante y transparente, con golpes verdaderamente neurálgicos en las estructuras de los malosos.

Es cierto, la actuación de algunos malos elementos no significa que sean toda la corporación, como igual sucede en el Ejército; el problema es que esta corporación es más vulnerable a perder credibilidad a diferencia de las fuerzas castrenses, porque hablamos de policías civiles con un yugo menor, ambiente donde es más fácil contaminarse por la delincuencia, pero con similar capacidad de armamento y entrenamiento.

Lo peor es que Genaro García Luna, el super secretario de Seguridad Pública, insiste en que los culpables de todos los males son los policías municipales al grado de que ya hasta calculó cuánto invierte el narco en pagarle sus nóminas, como si sus elementos estuvieran exentos de cualquier acto de corrupción, cosa que se encargaron de desmentir en Juárez.

Bastan cuatro dichos populares para el secretario que, necio, quiere ser el mero mero de todas las policías: el buen juez, por su casa empieza. En casa del herrero, azadón de palo. Candil de la calle, oscuridad de su casa. No mires la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el tuyo propio.

Como si salir en tele lavara la pésima imagen en las calles.

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