24 de diciembre de 2010

La odisea de Santa Clos en Veracruz

Pablo Jair Ortega - pablojairortegadiaz@gmail.com.- Viene llegando desde lugares donde ya anocheció. Allá donde hay pueblos que nos llevan por horas adelantados, que a estas horas de escribir --2 de la tarde tiempo del centro de Mexico-- ya deben estar durmiendo o bebiendo licor para el frío.

Santa Clos ahí lleva su trineo cargado de juguetes y regalos que debe depositar por todo el mundo, pero mientras venía cruzando el océano Pacífico, pensaba si era seguro entrar a tierras “mexinacas”, ya que muchos países ya mejor piden de plano que tomen vacaciones en otros lados o que si van a México tomen las precauciones debidas como “mejor ni salgan a la calle”.

Pero pensó que Veracruz no era así. Cuántas veces ha leído en los últimos años que Veracruz es un estado seguro. Que aquí no hay narcos, sino nacos. Que Veracruz es un estado que está en paz, está en calma, que vienen las inversiones, que bla bla bla bla bla bla y un largo etcétera.

Luego entonces llegó entrando por Pánuco, pero no contaba con que lo iban a recibir con una ráfaga de sendas AK47 que le dejaron dos renos muertos y el trineo agujereado. Ahí por Moralillo pasó con precaución porque había cuerpos tirados en las calles, así que se siguió de largo a Tempoal, donde otra balacera se suscitaba y mejor se quedó en el Hotel Zapotal, pero con el inconveniente de que ahí se refugiaron los malosos y hasta ahí llegaron los plomazos.

De ahí se fue de volón a Tuxpam, pero cuando estaba rolando por las calles vio que una camionetota lo perseguía y acosaba con las luces altas; cuando vio por el retrovisor, se dio cuenta que se trataba del alcalde Juan Ramón Ganem con su cara de pocos amigos, quien buscaba darle una madriza al gordo panzón.

Pasó a Papantla para ver las majestuosas ruinas, pero estaban en huelga trabajadores del INAH, y quesque estaban en mantenimiento, así que no podía pasar. Aparte le iban a cobrar por exceso de peso en caso de que se le ocurriera subirse a una de las pirámides. Pudo ver a los voladores: eso sí valió la pena.

No podía dejar de pasar a Tecolutla para echarse unos buenos mariscos, pero como que se sentía denso el ambiente con gente armada.

Mejor pasó a comprar harto limón y naranja a Martínez de la Torre, aunque le salió casi gratis porque los cortadores regalan los cítricos a quienes pasen por la carretera. Un gesto aplaudido de los jarochos del norte hacia los demás.

De ahí pasó a Misantla para darle su regalito a la niña Eleaney y a los niños de El Chiltepín, que este año se portaron muy bien.

En Naolinco pasó a comprar unas botas nuevas porque en el camino se las pidieron unos federales quesque por ser botas hechas con piel de animal en peligro de extinción. De paso tuvo que entregarles unos cuantos regalos que iban para niños jarochos, que porque el programa Paisano así lo estipula y si no “ahí hable con mi pareja, que está bien perro”.

Ya una vez con botas nuevas, emprendió hacia Xalapa donde dio regalos a niños de Multigráfica, a los de ImagenVer, a los de Fotover, Gobernantes, El Grillo Jarocho, Seis en Punto, al niño Toby, al Diario AZ, La Gazeta.Tv y otros más que se le escapan a su memoria de corto plazo; tuvo que irse con cuidado por los cables que atraviesan la ciudad y cuando quiso darle regalo al niño David, este salió como “gasedo” por su túnel secreto.

También les dejó sus regalos a los niños de EnlaceVeracruz212, que este año se portaron requetebién, aunque anduvieron haciendo travesuras.

Pasó al puerto donde, ingao, parada obligada en La Parroquia para el lecherito y canillas; nieve de los “Güero, güero, güero, güero, güero”. Comenzó a repartir regalitos, pero como lo vieron vestido de rojo, no faltó quien comenzó con las grillas diciendo que era enviado de Elvia Ruiz Cesáreo para congraciarse con la desgracia de los huracanes a favor del PRI. También pasó al ayuntamiento para darse su regalito al Jon, pero éste le dijo que primero le preguntaría a su mujer y cuñado para ver si lo podía recibir.

Antes de salir del puerto, dio regalos para los niños Víctorito Ochoa, Manolito Victorio, Fidelito Pérez, al “castrológico” Mike y a la niña Pucca Tijeras Buendía.

A Boca del Río de plano ni se acercó, porque allá en el Palacio Municipal odian con odio rabioso todo lo que huela a rojo. Lástima porque pensaba echarse otra mariscada de esas que hacen record Guiness.

A Córdoba pasó a darle su regalo al niño Hugo Morales Alejo, que es su nuevo disco de poemas. A los niños de La Nigua también les llevó presentes. De ahí salió por piernas porque dicen que luego secuestran gente en pleno centro, en pleno ayuntamiento, y los polis no meten ni las manitas.

A Orizaba ya no fue porque el alcalde Diez es muy mamila.

Paso de rapidito a Tierra Blanca porque dicen también que es territorio apache y aparte hace un calor de la chingada en pleno invierno. Abrigado como anda en el Polo Norte, Santa Clos de plano mejor se quedó en chones, sin camisa y unas chanclas que traía por casualidad. Pasó a darle su abrazo y regalito a la linda niña Selene Bravo.

Pasó a Cosamaloapan donde el alcalde Chiunti le quiso cobrar por derecho de piso, uso de vehículo extranjero, uso de animales de carga no autorizados, y así cualquier cantidad de tontejadas que se le iban ocurriendo… Justo como pasó estos tres años en el ayuntamiento.

Chacaltianguis de plano lo pasó de largo porque dicen que ahí los hombre se dan (no entendió el chiste, así que evitó la pena de averiguarlo).

Fue a Tlacotalpan para echarse unas cervezas y ver que los tlacotalpeños siguen viviendo con la sonrisota y la versada, y que una trinche inundación le hacen lo que el viento a Peña Nieto.

A Alvarado pasó a echarse otros marisquitos, ahí frente al río y los viejos barcos camaroneros. También se chutó un cóctel de mentadas de madre cortesía de la casa.

Jaló para los Tuxtlas, donde huele a tabaco, huele a verde. En San Andrés compró unos puros para el Jefe Diego recién liberado. En Catemaco comió tegogolos a la orilla de la lagunota y dejó que los renos se echaran un chapuzón porque, carajo, Veracruz es caluroso. Para evitar que lo siguiera la mala vibra fue con el Brujo Mayor que le sacó como 3 mil dólares quesque porque era extranjero y tenía que convocar espíritus más careros que cobran en dólares y euros.

En Acayucan no dejó pasar la oportunidad de comer en el Kinakú y saludar a los intelectuales que se reúnen en la plaza para hablar de lo que se les ocurra. A los niños Benigno, Sandra, Sixto, José Luis, Maritza, les dejó sus regalitos. A los antropólogos también, aunque no creyeran en Santa Clos.

Agarró rumbo a Jáltipan donde compró chogosta para el camino; regalos para los niños Fabián, Margarito y toda la familia Santiago Hernández, en especial para Don Margarito. Reposó un rato en la palapa de La Guadalupe, al cabo que ahí Pablo Ramirez no dice nada y siempre tiene chelas. Ahí se encontró cotorreando a David Haro y Víctor López Nassar, quien nomás dijo: “Uuuuuff”.

A Cosolea nomás fue de pasadita porque luego los agentes de Tránsito son muy perros y esos ya cobran más caros que los federales. Aparte que así como andan las cosas, capaz que le prohíben pasar nomás por puro berrinchito. Ahí compró pan.

Llegó a Minatitlán donde de inmediato se dio cuenta que apestaba a petróleo y gas y caca. Para esto ya estaban bloqueadas las entradas otra vez por gente de Cosolea, transportistas y uno que otro chismoso que decía que Doña Lupe Josephine Porras se estaba yendo lisa con la lana, ya que remodeló casita, tiene camioneta blindada y también ya remodela la de su señora madre. Fue un caos pasar porque la avenida Hidalgo tenía plantón frente al ayuntamiento.

No obstante, no podía dejar la oportunidad para comer chanchamitos, tacos de “Janitzio” y comprar carne de Chinameca con la paisana, xapapa. Dejó regalitos para los niños de Sotavento Diario que también este año se portaron muy bien y todos hicieron sus tareas y se lavaron los dientes antes de dormir.

De paso dejó unos encargos que amablemente este autor le pidió entregar: muchos besos, mucha salud y mucho amor a su familia que esta Navidad se libraron de darle de comer a este niño Dios… picio llamado Pablo Jair. Para el año que viene se desquita.

Jaló rumbo a Coatza (ya merito terminaba la ruta de entrega por un Veracruz complejo, diverso y enorme). Dejó regalitos para los niños de Notisur, en especial para la niña Samy, la niña Puchis, la niña Brenda, la niña Ale, el niño Lázaro, el niño Miguel y otra vez José Luis, que le tocó doble regalo; todos se han portado requetebién. También los niños Melquiades y Nallely.

Ya de salida se fue rumbo a Nanchital donde le pedían que le besara la mano a Don Ramón, pero como no le hacía a eso mejor se fue de corrido a Las Choapas, donde entregó regalos a los niños de Diario Presencia que también se portaron muy bien este año, en especial el niño Roberto Morales. Al niño Renato Tronco --aunque no se lo merece-- le regaló un sombrero nuevo, porque ya apesta el que nunca se quita. Dicen que el olor viene de más adentro de la cabeza.

A Moloacán fue de rapidito a entregar regalos al inquieto niño Errava, pero salió de inmediato porque dicen que una banda de malosos andaba secuestrando a extranjeros indocumentados, y como Santa Clos no anda con eso de papeles, capaz terminaban extorsionando a la señora Clos para pedirle las perlas de la virgen, matando a los renos que le quedaban, y de paso sus cuerpos fueran desaparecidos así como por arte de magia navideña.

De ahí siguió a Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, pero créame usted que Santa Clos no se olvida el próximo año de traer chaleco antibalas para pasar el norte, unos abrigos extra para el centro montañoso y un trineo climatizado para el sur de este Veracruz tan fregón.

2 comentarios:

Eliseo dijo...

chale Pablito y pos se le olvidó al tal Santa mencionar a los niños y niñas de Opción de Veracruz o fue a tí, eh? ;-)

Pablo Jair Ortega dijo...

Don Eliseo, mil perdones, le juro que no era intencional, es esta mente atrofiada de tanto alcohol