25 de enero de 2011

TLACOTALPAN NO SE RAJÓ



El 3 de octubre de 2010 se viajó por la única vía de Xalapa hacia el sur de Veracruz; se vivían fuertes inundaciones y las devastaciones de dos huracanes que recientemente pasaron por suelo jarocho causando destrozo y medio por el centro de la entidad: carreteras destrozadas incomunicando el sureste mexicano, puentes derribados, ciudades como Lerdo y Minatitlán hundidas; Cotaxtla y La Antigua viviendo la peor de sus catástrofes; Boca del Río y el puerto de Veracruz, anonadados por tanta agua. Pero quien se llevó la peor parte fue la zona rural de Minatitlán (todavía no recuperada) y la hermosa Tlacotalpan, perla del Papaloapan, la cual permaneció en su totalidad bajo el agua.

Nos topamos con una especie de Atlántida tropical en plena caída, nomás que la diferencia aquí es que la Atlantida sí se perdió y está de la Cuenca aguantó duro y tupido. Hubo gente que no se salía de las casas y permanecía en las segundas plantas, en las azoteas, así como si nada, con la hamaca y diciendo picardía jarocha.

En uno de esos balcones estaba una familia que habia pegado en postes un cartel que con letras azules (afotunadamente no cayeron en la tentación sexenal de pintar todo de colorado) decía: TLACOTALPAN NO SE RAJA.

Y efectivamente, a cuatro meses de esas inundaciones, Tlacotalpan ya espera a todos en sus tradicionales fiestas de la Virgen de la Candelaria. Como nunca, los tlacotalpeños se han levantado, y nuevamente ya están en sus casas con corredores largos y de colores chillantes.

Hoy como nunca se puede ver que Tlacotalpan nunca, por ninguna circunstancia, se rajó. Ni pensaba hacerlo.

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