27 de julio de 2010

No a la armonía ficticia

Pablo Jair Ortega - pablojairortegadiaz@gmail.com.- Pasmosa calma es lo que le llaman a cuando una tormenta se avecina. En Veracruz, la calma viene luego de la tormenta: las elecciones del 4 de julio. Ahora es turno del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; de ahí, a recomenzar 6 años. Otra tormenta.

Siguen 6 años cuyo primer reto es demostrar independencia del régimen anterior. Donde las primeras tareas serán el mostrar un papel impecable en hacer la paz y meter orden con los demás actores políticos.

Sobre todo el tema de la paz: Veracruz ha tenido una intensificación de su violencia que han creado los argumentos de “hechos aislados”, “aquí no pasa nada”, “Veracruz es de los estados más seguros”, y coincidimos de alguna manera en el último, a diferencia de estados donde se viven verdaderas guerras.

Pero en aras de la paz post electoral no se puede dejar de lado la violencia jarocha, que si bien es en menores dimensiones a la ocurrida en los estados del norte, en la cuenca del Papaloapan, en Córdoba, la región de Acayucan, hay focos rojos que necesitan atención del gobierno estatal y la administración entrante.

Ahora que ha terminado un ciclo electoral intenso, especialmente de guerras cibernéticas (un gran papel de las redes sociales y el uso de recursos multimedia en esta campaña), la nueva gestión deberá atender los asuntos de inseguridad para afianzar su credibilidad.

Sería muy lamentable que se sigan minimizando hechos tan graves como los que ocurren en la zona de la cuenca, especialmente la limítrofe con Tuxtepec, Oaxaca; la tierra sin ley que predomina en Paso del Macho, y los levantones y balacera que ocurren en pleno palacio municipal de Córdoba y nadie interviene.

En la ciudad de los 30 Caballeros, este martes hubo balacera en el centro, proveniente del caso de los 3 federales muertos en la autopista Orizaba-Puebla. Nadie dice nada, todos callados.

Si por crear un escenario de armonía “perfecta” no se verán estos escenarios de violencia, entonces los veracruzanos estaremos en un estado de indefensión, más arriesgado que los “daños colaterales” de los que presume el presidente Calderón.

La diferencia de estar en campaña y ser gobernante radica precisamente en que ya no se hará solamente campaña de publicidad, gastar en medios: viene la acción para contrarrestar efectos perjudiciales de la delincuencia.

Cabe mencionar a aquellos que se juntaron con el hoy gobernador electo para obtener una especie de patente de Corzo, que potencialmente son los más peligrosos para la ciudadanía y el mismo mandatario. Aquellos alcaldes, líderes, diputados cuya primitiva ideología es “soy amigo del gobernador y puedo hacer lo que se me hinche” van a ser los que más dolores de cabeza van a traer para Duarte de Ochoa.

El gremio periodístico no la tiene fácil tampoco: en el círculo cercano al ejecutivo entrante hay personajes que son verdaderos enanos, pero que se sienten grandes al colgarse de los hombros del que manda; uno se acerca, les marca por el mentado Nextel, y no atienden. Debe ser que son “importantes”.

Las agresiones contra periodistas son tema preocupante: desde la sonada desaparición de Evaristo Ortega, de Colipa; en Oluta, el intento de ejecución a un reportero del Diario del Istmo por parte de una policía; las agresiones contra Gabriel Gutiérrez y Azucena Rosado en Coatzacoalcos, los golpeados en Cosoleacaque, los amenazados en Córdoba, así como decenas que seguramente no trascienden, son un punto en el cual se debe poner atención fija.

No será para nada recomendable ocultar hechos graves de violencia, sobre todo porque la oposición --desde el lado de los perdedores-- no dejará ni a sol ni sombra de desmarcar al gobernador electo para desacreditarlo, más en un tema tan escabroso como el de seguridad.

Esconder los hechos o minimizarlos siempre fue una mala estrategia que ahora se refleja en los apretados resultados electorales a la gubernatura y golpes que hicieron mella para el PRI en el Congreso local y las alcaldías.

La población cada día se informa más, los medios se multiplican con el Internet, la crítica pesa cada día más, porque no es el mismo Veracruz de supremacía priísta, donde todo está bajo control.

Así que ante el propósito de implementar una paz post electoral, una armonía ficticia y mediática, el verdadero desafío para el nuevo gobernante es atender los focos rojos que deja su antecesor, especialmente en el tema de Seguridad Pública.

Por cierto, dicen que en ahí en la SSP al parecer están celebrando en grande el año de Hidalgo, porque ni dinero para la gasolina de las patrullas están dando. ¿Será?

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